Sesos fritos por Morius

En un mundo dominado por calabazas, el padre, al llegar del trabajo pregunta a su mujer:

-Chata, ¿Qué tenemos hoy de cena?

A lo que la mujer responde, pizpireta:

– Pues aprovechando que tu hija tenía hoy concurso de cabezas de Halloween en el cole, he ido a Mercadona y he visto baratitas un montón de ellas. Así que he pillado una y ahora la niña la está vaciando.

Hoy cenaremos sesos fritos.

Anuncios

Ojo con lo que deseas por Rafa Rius

4492498646_f4a8cb5799_zFoto by Geoffrey Fairchild

¿Eres coleccionista? ¿Te atraen los sellos, los llaveros, los posavasos? ¿O acaso tu gusto es algo más retorcido y coleccionas animales muertos, mujeres violadas, fotos de niños desnudos o de cadáveres? Yo soy coleccionista, y mi afición es tal que me lleva a reconocer mi enfermiza obsesión… ¿Si soy consciente de ello ya no es tal? Me temo que no, pero es que para mí, mi colección es imprescindible, cada componente me observa desde sus estantes, y con más de mil doscientos ejemplares es la colección más impresionante de ellos que existe; creo que hay un americano que anda por los trescientos. ¡Ja! Me río yo de su colección. El caso es que hoy es un día especial porque… Mejor todo a su debido tiempo. Sigue leyendo

Luna de sangre por Rain Cross

lobo-I-

Will abrió lentamente los ojos, se sentía algo aturdido. La luz de la intensa bombilla le dañaba la vista. Miró hacia un lado, intentando ubicarse. Estaba en una habitación, a su izquierda había una pequeña ventana con vista a la montaña, a la derecha, otra cama. Era un hospital. Intentó incorporarse, pero le dolía todo el cuerpo.

Bienvenido de nuevo —le dijo una enfermera.

¿Cómo he llegado a…? —Se miró extrañado el brazo, lo tenía vendado—. ¿Pero qué demonios me ha pasado?

Eso es lo que le gustaría saber a la policía. Se ve que tuvo un accidente, están aquí fuera, quieren hablar con usted. —Sonrió y salió. Sigue leyendo

La carta del prisionero por Ángel Ortega

sobre

Amor mío:

Han pasado largos meses desde mi cautiverio y no he hecho otra cosa que anhelarte. Los días y las noches se han sucedido sin diferencia. Aún estoy vivo pero tu falta es para mí la verdadera y más terrible agonía. Hoy mis carceleros, movidos quizá por la piedad que siempre habita en los corazones de los hombres, han cambiado de actitud y al salir el sol me han sacado al exterior por primera vez. Los olores de la mañana me han embriagado. Me han dejado junto a un árbol, solo, empapado de lágrimas recordando tus ojos y el suave tacto de tus manos. Sí, he llorado como un niño, frágil como un tallo tierno arrancado de su raíz. Mientras escuchaba voces tras el muro hablar en su extraña lengua me he acordado de aquel juego de nuestra infancia, Las Nueve Palabras, que se jugaba con esta canción: Sigue leyendo

Huevos por Javier Quevedo Puchal

huevo2

La primera vez que lo vi, me pregunté dónde estaba la sonrisa amable con que siempre lo representaban en los cuentos. Desde luego, aquel cuerpecillo enfermizo no tenía nada que ver con las ilustraciones de mi infancia. Orejas cuarteadas de costras, ojos inyectados en sangre y pelaje apelmazado. Así es el conejo de Pascua que habita en el viejo cementerio. No sé si está vivo o muerto, pero el caso es que se mueve. Da saltitos entre las lápidas y se oculta tras la maleza. A veces, gira su cabeza agusanada y me mira inquisitivo, como asegurándose de que le sigo el juego. A fin de cuentas, también este conejo de Pascua esconde huevos bajo tierra. Claro que los suyos están pintados de negro. Y ocultan sorpresas muy especiales. Sigue leyendo

LA NIÑA CHINA por Santiago Eximeno

chinagirl

Ninguna tiene tanto éxito como La Que No Está.

Aunque todavía es joven, muchos años de práctica consciente

la han perfeccionado en el sutilísimo arte de la ausencia.

La Que No Está, Ana María Shua

Todas odiábamos a la niña china. Todas. Sin excepción. Digan lo que digan. Seguro que ahora muchas callan, o dicen que en el fondo la apreciaban. Incluso puede que digan que la querían. O quizá simplemente que no les caía mal, lo que sea con tal de que nos olvide. De que nos perdone. Claro. Que nos perdone. La maldita niña china.

Vivíamos en un buen barrio, en el centro de la ciudad. Mis padres habían comprado un piso en uno de los edificios emblemáticos de la zona, diseñado por un arquitecto de renombre. Un edificio achatado, de colores chillones, con más agujeros en su estructura que un queso gruyere. Disponían del dinero y no se sentían incómodos al gastarlo. Todo lo contrario. Desde la terraza de la casa podía ver el parque. Podía ver muchas otras cosas, claro: la terraza era inmensa. Pero solía contemplar el parque.

Yo pasaba en la terraza mucho tiempo, asomada al vacío, con los brazos descansando en la barandilla. No me gustaba bajar al parque. Allí se amontonaban madres-sonrisa, padres-aburrimiento y niños y niñas: decenas de ellos, pequeños, sonrosados, siempre gritando y corriendo y llamando la atención. Prefería estar con mis amigas, en mi casa, en las suyas (más pequeñas, menos originales, pero válidas igualmente). Sigue leyendo

RECORTEZ POR JAVI RÍOS

recortez

La culpa la tuvieron los malditos recortes. Las instituciones que albergaban a los miles y miles de zombies estaban totalmente colapsadas, no quedaba ni un solo euro, y la gran mayoría de los enfermos serían devueltos a sus casas.

Cuando María levantó el auricular del teléfono sabía lo que le iban a decir, pero no entraba dentro de sus planes que Antonio volviera a casa esa misma tarde.

… y no se preocupe, se le subirá la pensión un 3%, aunque tendrá que pagar aparte las medicinas de su marido.

Lo subieron a casa entre 2 enfermeros, y lo dejaron atado en la vieja cama de matrimonio.

Tenga cuidado, señora, a pesar del zombielac muerden, se lo aseguro.

Y allí se quedó, mirando directamente a los ojos vidriosos de Antonio, y a un pequeño hilo de baba que no acaba de caer nunca. Algo había allí dentro de su marido, aquel que tantas palizas le había pegado, algo que estaba bien donde estaba.

Suspiró, y se fue a hacer la cena.

Visita su web: La viga en mi ojo