Fabricante por Titania Hielorrojo

bosquemavi.jpg

Tenía una marca roja en el lado derecho de mi cara. Era como un archipiélago tatuado en la piel, que mi sobrina insistía en identificar con una sirena. En realidad era una marca de identificación. Era el símbolo de los de mi clase: Reclutas.

Me reclutaron hace varias décadas. Me sacaron sin mediar palabra de la fábrica y me colocaron frente a una mesa de trabajo, en un despacho que se descascarillaba un poco más cada día.

Yo fabricaba sueños. Nunca pensé que estaría al otro lado. Del lado de los que sueñan los sueños que yo fabricaba. No me dieron explicaciones. Sólo indicaciones de lo que a partir de ahora debía hacer: obedecer y no salirme del camino. Me colocaron en este lado de la mesa. En el lado de los que trabajan soñando con los sueños que únicamente son alcanzables para unos pocos.

Me amoldé (¡qué remedio!)… por un tiempo. Cada mañana la misma ruta.  La misma cuesta a la misma hora, hiciera frío o calor. Entraba a regañadientes en este despacho que se descascarillaba un poco más cada día. Pero me rebelé pronto. Recordé que durante un tiempo estuve viviendo en un bosque. Me recordé flotando entre los troncos y las copas de unas secuoyas milenarias. Me recordé luminosa, toda envuelta en luz. Casi transparente, diluyéndome entre los rayos del sol y subiendo más y más arriba.

Yo fabricaba sueños. Yo vivía en un bosque… hasta que alguien tatuó mi piel y pasé a ser Recluta.

Ahora, más que nunca, deseo alcanzar los sueños que, en secreto, he seguido fabricando.

Anuncios

LAS SANDALIAS por José Andrés Hidalgo

Imagen

Aunque estaban acostumbrados a madrugar debido a sus antiguos y respectivos oficios, nunca amanecieron tan temprano, y abundaban entre el grupo los bostezos y sonidos de tripas hambrientas.

Tal cual él les dijera, así lo hicieron, y ahora se encontraban en aquella playa, acurrucados, arrimados los unos a los otros para darse calor entre tiritonas y castañeteo de dientes.

Mientras los parpados caían rendidos de sueño, el tiempo pasaba inexorablemente, y los ánimos decaían entre los que a duras penas se mantenían despiertos.

Por fin, a lo lejos, se recortó una silueta que con parsimonia y sin prisa se dirigía caminando hacia ellos. Después de un buen rato, que pareció casi eterno, la figura llegó junto al grupo.

Él, se colocó frente al resto, cruzando su mirada y gesto sonriente con las miradas acusadoras de los otros, que con claros signos de desinterés y desidia, esperaban las palabras del que acababa de llegar.

Pero la figura se agachó y acto seguido se quitó la sandalia del pie izquierdo. Después, la del derecho.

Descalzo, sobre la fría arena, caminó hacia atrás con la vista fija en el mar, mientras el grupo, intentando salir del letargo, le observaba con extrañeza y expectación.

De repente, aquel hombre alto, de barba y pelo semilargo, se echó mano a los faldones y con largas zancadas se dirigió a la orilla. Entonces, simplemente empezó a correr sobre las aguas…

Y en ese preciso momento, a los doce que observaban alucinados, les desapareció tanto el hambre como las ganas de dormir.

GENTE DE POLIÉSTER por Fernando Cámara

Imagen

(Publicado en el diario “ECO DE LA NACION”, el 17 de junio de 1956)

Hoy se cumplen ocho años de la encarnación de los 50.563 maniquíes fabricados originalmente con  poliéster. Aquella noticia que en su momento generó una avalancha de escépticos, de curiosos y multitud de sorprendidos, hoy apenas refleja su evolución en breves crónicas de sucesos. Y es que a todo nos acostumbramos.

Durante este tiempo hemos disfrutado -por la novedad- y sufrido -por el exceso- de las numerosas entrevistas concedidas por estos extraños pobladores. Sus declaraciones no aportan interés alguno; reflejan a personas simples, sin talento y faltas de ambición. A pesar de ello, se amontonaron las peticiones de adopción, compra o alquiler para estos seres, dirigidas principalmente a la casa fabricante y a los gobiernos de los países que los declararon ciudadanos corrientes, con idénticos derechos.

También se habló de lo estupendos amantes que eran, aunque a esta información no se le debe dar demasiado crédito, ya que casi todos los que hicieron pública su relación con alguno de ellos eran gentes amigas de la notoriedad o de la presunción genital. Sin embargo, sí es cierto que a raíz de esta novedosa mezcla se han generado amistades duraderas, amores de alta fidelidad, celos, envidias y, por supuesto, crímenes pasionales. Esto último, nos sirvió a su vez para constatar que eran tan mortales como cualquiera de nosotros.

Quizá, por el momento, la mayor diferencia radique en su incapacidad para procrear. Pero, de cualquier forma, para eso nos bastamos nosotros. Y para cuando se haga efectiva la caducidad de estos sorprendentes maniquíes, quizá otro nuevo milagro indescifrable para nuestros más avezados científicos nos ofrezca una nueva ración de estos simplones y aburridos camaradas.

Por cierto, todavía está pendiente el tema del fisco. La oficina central intenta designarles una clasificación particular. Un asunto polémico ya que, excepto por su imposibilidad reproductora, son idénticos a nosotros, e incluso de individuos estériles está el mundo lleno. Sin embargo nadie ha afirmado que pretendan incluirles en un régimen impositivo menos severo. Al fin y al cabo, la mayor parte de sus cuantiosos ingresos proviene de las entrevistas y de los análisis científicos originados por su propia condición. Y es que, a pesar del poliéster, de Hacienda nadie escapa.

_____________________________________________________________

NOTA: Según el último sondeo del censo, quedan vivos 48.675 seres de poliéster.

Getsemaní por Raelana Dsagan

Imagen

Esperó a que sus compañeros se durmieran. Nunca lo dejaban solo, aún ahora se agitaban en sueños, como si una parte de ellos se sintiera culpable porque el cansancio los hubiera rendido. Se separó entonces del grupo y se ocultó entre los árboles, disfrutando de ese momento de silencio antes de rebuscar en sus alforjas. La lámpara seguía allí, vieja y herrumbrosa; sus padres la habían traído de Egipto y él la había guardado desde que era un niño, el único objeto que conservaba de su infancia.

La frotó con cuidado, sin estar seguro de si quería llamar al genio o no.  Salió en forma de humo espeso que tomó una forma vagamente humana, en la que lo que mejor se distinguía eran dos grandes ojos oscuros. El genio se cruzó de brazos, aunque delante ya no tenía a un niño emocionado al que podía impresionar, ni a un joven impulsivo que buscaba ayuda. Ahora era un hombre adulto con el ceño marcado por profundas arrugas al que ya no le quedaban más deseos por pedir. Sigue leyendo

Pesadilla por MoRius

Imagen

-“Hoooolaaaaaa?”
Intento abrir la puerta blanca. No entiendo nada.

Escribía mi blog, sentada en casa, viendo a mi tía ayudarme con la plancha. Contestaba a mis amigos, explicándoles mi baja y, de repente, me encuentro atrapada en esta habitación aséptica y fría, con olor a lejía impregnando las sábanas…  ¿qué hago yo aquí?

Instintivamente, me toco la tripa: ¡No está! Sigue leyendo