Ojo con lo que deseas por Rafa Rius

4492498646_f4a8cb5799_zFoto by Geoffrey Fairchild

¿Eres coleccionista? ¿Te atraen los sellos, los llaveros, los posavasos? ¿O acaso tu gusto es algo más retorcido y coleccionas animales muertos, mujeres violadas, fotos de niños desnudos o de cadáveres? Yo soy coleccionista, y mi afición es tal que me lleva a reconocer mi enfermiza obsesión… ¿Si soy consciente de ello ya no es tal? Me temo que no, pero es que para mí, mi colección es imprescindible, cada componente me observa desde sus estantes, y con más de mil doscientos ejemplares es la colección más impresionante de ellos que existe; creo que hay un americano que anda por los trescientos. ¡Ja! Me río yo de su colección. El caso es que hoy es un día especial porque… Mejor todo a su debido tiempo. Sigue leyendo

Anuncios

Animales de Costumbres, 2º cap.:”Chubascos Cerebrales” por Germán Montes

testOK.jpgLa calle sigue donde la dejé. Bien, algunas cosas siguen funcionando.

La misma jungla… los mismos animales; amas de casa con bolsas de supermercados repletas de la compra de la semana; hombres descuidadamente trajeados, hablando por móviles de última generación; mujeres con pantalones y chaquetas tan impolutas como su maquillaje, repartidores con o sin uniforme llevando sus cargas de un lado a otro… gente de todo tipo de género, nacionalidad, clase social, creencia y orientación sexual, con un claro punto en común: la prisa. Hagan lo que hagan, vayan donde vayan, siempre bajo la etiqueta de urgente.

Antes no me daba cuenta de esto; no me detenía a mirar, a observar a la gente. Supongo que antes… era como todos. En algún momento, me salí del camino; no recuerdo cuándo, ni cómo, se me acabaron las ganas de ser uno más. Pero esto no tuvo nada que ver con que perdiera mi trabajo. Realmente me gustaba lo que hacía. No es que trabajar en un aeropuerto fuera mi sueño hecho realidad. Ni siquiera volaba, como muchos de mis compañeros. Pero cargar el equipaje de los viajeros en el avión me hacía sentir parte de sus viajes. Una parte tan insignificante como vital; como un pequeño polizón casi imperceptible, pero cuya ausencia puede conllevar desagradables sorpresas. Al fin y al cabo, nadie quiere perder media vida en una maleta extraviada. Sigue leyendo

Hoy vas a morir por Toni Ávila

Tristeza31El motivo deberías saberlo ya, pero no me importa recordártelo: antes de que aparecieras, yo tenía una vida. Una familia. Amigos. Gente que me quería. Pero llegaste tú y acabaste con todo.
Al principio me diste muchas alegrías, es cierto, pero pronto empezaste a requerir más y más atención, y al final yo ya sólo estaba pendiente de ti y de tus necesidades. De alimentarte, de cuidarte, de tenerte siempre cerca.
Pero ahora lo voy a remediar. Me propongo ser feliz y eso solo ocurrirá cuando tú hayas desaparecido. No te preocupes, será rápido. Y, por favor, deja de poner esa carita que a mí… a mí ya no me engañas….Carita sonriente, otra vez… Corazón, beso… Nada de esto te servirá. Está decidido, tienes que irte… Rayo, calavera, mierda con ojos… Típico de ti.
Se acabó.
Desinstalo el Whatsapp.
Relato finalista en el concurso sobre RRSS organizado por el programa de radio ‘Castillos en el aire’ 

Zapatero a tus zapatos por Rafa Rius

zapatero

Llegó a casa cansado y con el ánimo por los suelos. El trabajo en la tienda le asqueaba, todo el día vendiendo botas de plástico y modernas deportivas de sicodélicos diseños no era el concepto de zapatero que había heredado tras varias generaciones de artesanos en su familia; pero al menos era un empleo en unos tiempos que se le antojaban difíciles.

Necesitaba evadirse, bucear un poco en la faceta creativa de su afición, sentirse durante un tiempo un zapatero de verdad. Bajó al sótano, allí se encontraba su taller particular. Había un tragaluz que de día confería una suave iluminación al lugar, pero a las horas que él llegaba debería dejarse los ojos con la pobre luz de una bombilla desnuda. La mayoría de las paredes estaban cubiertas de altas estanterías, y un gran número de zapatos descansaban en sus baldas; calzados de corte clásico, tal y como a él le gustaba confeccionarlo.

Se cambió de ropa, se ajustó un mandil de cuero, se colocó sus anteojos, y seleccionó entre todos un juego de zapatos marrones, tan limpios que su cuero pulido relucía como ningún otro; ante todo había que trabajar con comodidad. Abrió una alacena para hacerse con el material que necesitaba, y se dio cuenta que le quedaba un par de pliegos de cuero curtido; con eso sólo le llegaba para dos juegos, tendría que ir pensando hacerse con mas. Desplegó los patrones sobre la mesa de trabajo, estos eran del número cuarenta y tres, el que él usaba. Encendió el flexo, cogió la cuchilla, y empezó.

Cuando trabajaba, solía abstraerse tanto que perdía la noción del tiempo, puede que incluso hubiese echado una cabezadita, pero no lo recordaba. Miró el par de zapatos que había creado, salvo esperar a que la cola se secase prácticamente podía darlos por concluidos. Era tarde, pensó que sería mejor irse a descansar un poco; al día siguiente le esperaba otra maravillosa jornada en la tienda.

Al levantarse reparó en que sus zapatos ya no estaban pulidos, un barro los cubría casi por completo, y manchas de sangre marcaban el gastado suelo de madera… “Otra vez”, pensó. Abrió la alacena y varios pliegos de pellejo fresco colgaban de los asideros.

Desconocía qué había pasado en una noche en la que para él no había ocurrido nada, pero se percató que, esta vez, alguien había cometido un error; antes de curtir aquel pellejo, debería desechar el trozo que mostraba aquel bonito tatuaje.

Sara por Jorge Álvarez Murcia

BeFunky_angustia.jpg

-¿No recuerdas qué pasó?

-Hacen mal sus feas palabras en mis pesadillas, ¡dile que se detenga!

La melena enmarañada le llegaba hasta empaparse con el agua, que abundante, rebosaba a borbotones vertiéndose por el piso, de un baño en la planta baja, que casi estaba inundado. Mojadas palmas y dedos, sus deshidratadas manos, se aferraban fuertemente a los bordes del lavabo manteniéndola inclinada como a ciento treinta grados. Descalza y con pijama, mojado hasta los tobillos, los dibujos estampados ascienden hasta el ombligo, donde cuerda de embalar, anudada doblemente, ciñe al talle un pantalón que hace poco entraba exacto.

Sobre párpados morados, sus inmensos ojos miel, reflejan atormentados la angustia del que ha perdido, una lucha interminable contra instintos animales que la mantienen en vilo, despierta y con diez sentidos. Y contrastan con el gris de una piel que no se toca, porque ya no siente el tacto cálido de otras horas. Sigue leyendo

UN ÁNGEL CON LAS ALAS ROTAS por David G. Panadero

ImagenA Arancha, para que sus bellas alas no pierdan jamás una pluma.

Se dice que los ángeles no tienen sexo, pero Mariana sabe que sí; sus alas fueron cortadas hace ya muchos años, ni siquiera ella misma recuerda cuánto tiempo hace.

Al principio prefería mantenerlo en secreto; era un secreto que la avergonzaba. Comenzó usando gafas de sol incluso de noche, y llevando los brazos cubiertos. No quería que nadie percibiera sus estigmas. Sentía repulsión hacia su propio cuerpo, en otros tiempos estilizado y armónico. El descuido la hizo engordar cada vez más, y del armario no sacaba más que un chándal amplio y camisetas raídas.

Hasta que un buen día rompió con todo, y se puso en manos de profesionales. Ni la medicación la ayudaba a conciliar el sueño; se eternizaba frente al televisor, observando pasivamente los absurdos espacios de tele-tienda, mientras la sonrisa de sus labios se transformaba poco a poco en un rictus de desprecio, no hacia nada en particular, simplemente desprecio.

Lo peor eran las terapias de grupo. Allí se encontraba con más muchachas mancilladas que parecían carecer de personalidad. La terapeuta las obligaba a afrontar la situación, a odiarse a sí mismas, a enfrentarse unas a otras, a “reaccionar”, según decía.

Recomendaban la práctica de algún arte marcial como forma de desahogo. Allí Mariana parecía salir de su mutismo y sublimar sus conflictos mediante fuertes descargas de adrenalina.

Ella lo sabía: era un ángel, a pesar de tener las alas rotas. Quizás el tópico fuese cierto; los ángeles no tienen sexo. Mariana ya no sentía impulsos en ese sentido; quizás nunca los hubiera percibido. Le gustaba pensar en sí misma como una criatura celestial, imaginarse el ángel portador de la espada de un Dios colérico.

Desde pequeña la educaron para sentirse culpable de los errores ajenos. Pensó que, tal vez, acabando con todo, cruzaría por fin las Puertas del Cielo.

OBSESIÓN por Mercedes Bresó Fernández-Coto

Imagen

Estoy obsesionado contigo.

No puedo apartarte de mis pensamientos.

Me irritas, me desesperas.

Por la mañana, a media mañana, por la tarde… da igual a la hora que vaya hacia ti:

Me ignoras, y actúas como si lo que te pido no fuese contigo.

Da igual que te lo pida con cariño y te toque dulcemente.

Da igual que te grite y te dé puñetazos y patadas.

Da igual.

Tú sigues ahí.

Haciendo lo que te da la gana….

¿CUÁNDO COMPRENDERÁS QUE QUIERO EL CAFÉ SIN AZÚCAR, MALDITA MÁQUINA?

Más allá de la vida y la muerte por Susana García

Imagen

Cuando duerme está muy hermosa. Los párpados cerrados suavemente, con las pestañas, tan negras y largas. Los labios entreabiertos y húmedos. Su pecho elevándose mansamente con cada inspiración. Y su cabello, esa mata oscura y sedosa, desparramada libremente, a veces cayendo en largas guedejas sobre el pecho, o rodeándole el rostro como un halo oscuro y brillante.

Quisiera detener el tiempo y conservar esa imagen de su rostro pacífico. Las fotos no consiguen captar la hermosura de su descanso. Tampoco el vídeo ha sido capaz de encontrar el punto exacto, el cenit de su belleza. Por eso… por eso he tomado una decisión y me preparo para llevarla a cabo sin esperar ya más. De hoy no debe pasar.

Antes de abrir la espita del gas, acaricio con el dorso de mi mano su mejilla fresca. Coloco sus manos sobre el regazo y salgo del dormitorio, sellando tras de mí la puerta. Cuando el gas se acumule en la habitación y el oxígeno le falte, dejará escapar la vida poco a poco, sin despertarse. Así, permanecerá en su rostro la expresión serena y hermosa que será, por siempre jamás, mía. Sigue leyendo