LAS SANDALIAS por José Andrés Hidalgo

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Aunque estaban acostumbrados a madrugar debido a sus antiguos y respectivos oficios, nunca amanecieron tan temprano, y abundaban entre el grupo los bostezos y sonidos de tripas hambrientas.

Tal cual él les dijera, así lo hicieron, y ahora se encontraban en aquella playa, acurrucados, arrimados los unos a los otros para darse calor entre tiritonas y castañeteo de dientes.

Mientras los parpados caían rendidos de sueño, el tiempo pasaba inexorablemente, y los ánimos decaían entre los que a duras penas se mantenían despiertos.

Por fin, a lo lejos, se recortó una silueta que con parsimonia y sin prisa se dirigía caminando hacia ellos. Después de un buen rato, que pareció casi eterno, la figura llegó junto al grupo.

Él, se colocó frente al resto, cruzando su mirada y gesto sonriente con las miradas acusadoras de los otros, que con claros signos de desinterés y desidia, esperaban las palabras del que acababa de llegar.

Pero la figura se agachó y acto seguido se quitó la sandalia del pie izquierdo. Después, la del derecho.

Descalzo, sobre la fría arena, caminó hacia atrás con la vista fija en el mar, mientras el grupo, intentando salir del letargo, le observaba con extrañeza y expectación.

De repente, aquel hombre alto, de barba y pelo semilargo, se echó mano a los faldones y con largas zancadas se dirigió a la orilla. Entonces, simplemente empezó a correr sobre las aguas…

Y en ese preciso momento, a los doce que observaban alucinados, les desapareció tanto el hambre como las ganas de dormir.

La culpa del superviviente por Ángel Ortega

superviviente

Acababan de cumplirse tres meses desde el accidente cuando me dieron de alta. Listo para volver, decía el doctor, y casi curado del todo, decía el fisioterapeuta. Salvo por mi oído derecho inservible y el tener que usar un bastón para andar (lo que me daba cierto aire de dandy victoriano, solía bromear entonces) se me podía considerar un elemento recuperado. Ignorando el dolor, claro, pero eso también tenía solución, porque de nuevo las sustancias químicas volvían a ayudarme a hacerlo todo más llevadero. Así que era el momento de cerrar un asunto pendiente respecto a mi amigo Martín.

Mi amigo Martín ya no estaba, igual que su novia Valerie y el descerebrado de Jesús. Todos ellos murieron en el accidente, el mismo que ahora me hace arrastrarme como un viejo y estar hasta las cejas de calmantes. Hay varias cosas que se dijeron de aquello que no son ciertas y hay un puñado de sentimientos que voces en mi cabeza que tengo que silenciar. Jodido Martín.

Como sabes, porque salió en los periódicos, cuatro amigos, tres chicos y una chica, se habían estrellado con el coche yendo borrachos como cubas.El vehículo había invadido el carril contrario atravesando la mediana, arrastrando a un motorista (que se libró con solo heridas leves) y golpeándose contra un árbol para acabar hundiéndose en el Jarama, que aquel día iba cargado de agua (cosa rara).

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Clásico, estilo Bergere por Jorge Álvarez Murcia

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¡Ven, siéntate!

Encajonado en aquel sillón clásico estilo bergere con orejeras de color vino tinto, Gorka suda considerablemente por cada uno de los poros de su piel, mientras nota cómo la camiseta blanca de tirante ancho se le pega poco a poco a su más que orondo cuerpo. Un fuerte olor a amoniaco se mezcla con los treinta y seis grados, y el ochenta por ciento de humedad del ambiente hace el resto. Le cuesta respirar y huele mal, a veces ve borroso y nota cómo el pelo se le pega a la cabeza. El sudor chorrea por su frente tan abundantemente que las cejas empapadas ya no sirven para nada. Poco a poco, las gotas inundan sus ojos provocándole un intenso escozor que es incapaz de evitar debido a que sus brazos, apoyados en línea recta sobre el sillón, parecen muertos. No consigue entender por qué no le responden sus miembros. Aumenta la temperatura cuando, de los pies a la cabeza, siente como si decenas, cientos de fuertes manos, comenzaran a pellizcarle con todos los dedos a la vez no dejando un solo lugar de su cuerpo que no estuviera siendo estrujado o como fuertemente magreado. Cada vez más fuerte, friccionando más, y más repetidamente.

El alarido se escuchó por toda la casa mezclándose con un creciente olor a chamusquina. Sigue leyendo

Donde reside la mirada: Parte II -El amor- por Florent Santos

Imagen¿De qué color es el amor?…. del color de tus ojos.

De todas las emociones y todos los sentimientos que residen en la mirada, es el amor el más puro. Es tan intenso que tan solo de su propio brillo es capaz de iluminar toda una existencia.  Basta con mirar a los ojos a una persona enamorada para enamorarse de su mirada. Es tan bella la firmeza de su intensidad que basta con cerrar los ojos para recordarla eternamente.

Es la luna llena, plata en la noche. La existencia más dulce y más exquisita. Más inconsciente y más despreocupada. Porque es amor, y el amor no importa, no tiene nada que explicar, sino su propia e inexplicable razón de ser.  Esa es el gran gozo de sentir el amor, pero es también el de demostrarlo. Aún sin quererlo, es el amor el que reina en nuestra mirada, cuando los ojos buscan desesperadamente la mirada confidente, la mirada cómplice… la mirada enamorada. Ojos que enamoran al enamorado, sueñan cada segundo con otros ojos, que no son pupilas, son cielos infinitos y profundos, llenos de estrellas de pensamientos, llenos de luceros de ilusiones.

Es el corazón en el iris del tiempo eterno, la dulzura de la gratitud y la felicidad del siempre ser. Cuando unos ojos están enamorados, desean por siempre permanecer en ese maravilloso estado, una eterna niñez en el país de nunca jamás; una eterna felicidad en el país de los corazones diapasón. 

Donde reside la mirada: Parte I -La Soledad- por Florent Santos

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Cuando la soledad se hace consciente, es el corazón, tatuado de tristeza, el que una y otra vez grita intentando al menos escuchar su propio eco.

Es la amargura de la no existencia. Todo lo no escuchado, es como si no se hubiese dicho. Todo lo no conocido, es como si no hubiese existido. ¿Cuántas veces, sin quererlo acaso, damos de esta forma muerte a los que nos rodean?

Oír sin escuchar el continuo murmullo de la existencia de los demás, mientras contemplamos impasibles la decrepitud de nuestra propia existencia; gris, amarga…, senil en la plenitud de la vida. En esta sociedad hedonista y superficial, no somos capaces de detenernos en mitad del gentío, mirar a nuestro alrededor y dedicar un segundo de nuestra vida, una mísera e insignificante parte de nuestra existencia a los que nos hacen olvidar nuestra soledad… ¿o tal vez son los que nos la recuerdan?

La soledad es la conjunción de sentimientos contradictorios, de gozo y de tristeza. La necesidad que las personas tienen de soledad no es sino la afirmación de la individualidad, que una y otra vez nos hace pensar en nosotros mismos, en nuestro devenir. Esta necesidad es la que nos empuja, y a la vez nos oprime. La soledad.

Una compañía tan amada como odiada, pero siempre una compañía fiel. Ay! La soledad que nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Cuando la tenemos no la queremos; cuando no, la añoramos.

Una mirada de soledad es la mirada desarraigada. Los ojos puestos en la nada, la sonrisa oculta y la expresión desaparecida. Unos ojos desarraigados, una tristeza oculta, que aflora tan solo por la mirada. El desarraigo que produce más dolor, el desarraigo de otras almas. Sentimientos que se encuentran en una sola mirada, que solo están para causar el dolor propio, cuando ante el espejo la mirada es devuelta. Nadie ha de mirar la mirada, nadie ha de soportar la levedad de su tristeza, nadie ha de comprender su desesperación, nadie ha de recordar su tibieza. Nadie, porque nadie corresponde la mirada. Nadie, porque nadie es el destinatario de unas lágrimas, de los gritos del iris. Nadie, porque, en fin, nadie es la mirada.

La gente como Nene por Fernando Cámara

La gente como Nene

A veces trato de recordar muchas cosas, eso sí, siempre con cuidado, porque cuando Nene te mira parece saber siempre lo que estás pensando. Es como si los ojos delataran absolutamente todo lo que te pasa por dentro. Hay gente como Nene que lo adivina con un vistazo rápido. Y luego resulta que se siente muy por encima de ti y no sabes qué hacer. Sólo te queda la opción de correr lo más rápido posible para huir de sus manos.

Nene no es ni mejor ni peor que otros. He pasado por familias más terribles y dañinas. Y aunque no abundan, también he estado con personas bastante consideradas.

El truco para convivir está en mostrarse un poco receloso, incluso violento, no dejar que se sientan tan dueños, que sepan que te puedes volver contra ellos en el momento que quieras y, sobre todo, que no te sometan nunca a sus absurdos juegos. Si no lo haces así, estás perdido.

A Nene le tuve que asustar ya de pequeño pues no paraba de darme pellizcos para que le gritara. Entiendo que era muy chico, pero el tiempo ha venido a demostrarnos a todos que tiene mucha malicia, tal y como pensé cuando vi sus brillantes ojitos, recién venido de la maternidad. No es cuestión de familia ni de educación; sé que los hay nefastos, duros, con ganas de hacer daño cuando menos te lo hueles. Aunque a veces les entra un estado de ternura muy tonto y son los que, a ratos, te tratan como nadie. Son tan raros.

Como decía antes, asusté a Nene, vaya que si le asusté. Eso se sabe cuando la víctima se queda muy callada, tan callada… y luego no te dirige la palabra en unas horas, como por miedo a que todavía puedas continuar con ganas de gresca. El miedo es la mejor reacción que pueden tener porque de otra forma…

Nene es diferente, se le olvidan los temores al rato. Sé que me quiere hacer daño y cuanto más le dejas (lo digo por los días en que te levantas indiferente y que te da todo igual) más quiere. Incluso creo que llegaría a matarme sin sentir la menor pena.

Es angustiosa la sensación de estar adormilado frente a la lumbre y no poder relajarte del todo por el terrible presentimiento de que Nene anda acechando desde cualquier ángulo del salón. Lo peor es que todavía le quedan un par de años para ir al colegio y eso es mucho tiempo.

Ya me he planteado largarme de aquí muy seriamente, pero antes de hacerlo os juro que a Nene le voy a dar tal susto que no volverá a maltratar a nadie. Y después… me dedicaré a buscar un nuevo hogar idealizado que al final resultará peor que los anteriores. A lo mejor desaparezco sin que nadie sepa nada, sin que Nene se entere. Seguro que eso le duele más que si le atacara violentamente; ya sabéis que es muy rarito para todo.

Pero lo que es seguro es que no vuelvo a una casa con niños, por muy buenos que se presenten y luzcan caras tan dulces y graciosas como la de Nene. Cuesta tanto aguantar este martirio que sientes cómo se te consume la vida con cada molestia, con cada mala idea, con cada pellizco. Aunque después son tan idiotas todos que se echan a reír, como quitándose culpa. Lavan su conciencia diciendo que no importa, que justamente para eso estás parido con siete vidas.

EL TIEMPO Y LA AUSENCIA Por Julio Amigo Quesada

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-¿En qué hondonada esconderé mi alma para que no vea tu ausencia que como un sol terrible, sin ocaso, brilla definitiva y despiadada?

Jorge Luis Borges

Dos ideas, dos conceptos bullían en su mente, por su racionalidad y, por supuesto por su corazón, por su sentimentalidad más profunda, siempre había presumido de tener un gran “cuore”, de haber “soportado” todo tipo de “bandazos” que él mismo, su entorno, le habían provocado.

El tiempo y la ausencia martilleaban en su mente, vivió, compartió, luchó, amó y nada le acompañaba, nada a lo que aferrarse, solo una imagen vaga de aquello que supuso algo importante, lo más importante quizá, en su ya larga vida.

Y aun así le faltaba el tiempo, le faltaban horas para poder descubrir aquello que sentía, aquello que luchaba dentro de él por salir a flote, por salir a la “palestra” de su corazón, al escenario de su sentimentalidad, pero la ausencia golpeaba de nuevo en su mente, en su parte racional y le gritaba:
“No”. Sigue leyendo

“Combate” por Mercedes Bresó Fernández-Coto

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“Mis ojos se clavan en los tuyos, sin dudar, sabiendo que la misma emoción que se extiende por mis venas y, a través de ellas, a mis músculos, también recorre tu cuerpo.

Me pregunto cómo hemos llegado hasta aquí, si es lo más adecuado para los dos. Pero también sé que ya no hay salida, no podemos retroceder.

¿Quién dará el primer paso? ¿Quién hará el primer movimiento?

En realidad no importa. Solo importa quién vencerá el combate”.

Fotografía: http://www.thekingsoftheblog.com/