Aquellas Navidades Blancas por Germán Prados

germanNavidad.jpgSiendo muy niño, en el invierno de 1972, nos reunimos una Nochebuena en casa de mis abuelos. No recuerdo el día de la semana, mas no importa, porque la época de Navidad eran días de vacaciones para los colegiales.

Desde por la tarde, reunidos al calor de una chimenea de pueblo, de cuando los pueblos eran pueblos con sus calles y plazas llenos de árboles, donde se veían caer las últimas hojas del otoño y, en cada rama, había un copo de nieve.

Sí, ante de irnos a la chimenea, jugamos en el jardín, con un enorme manto de nieve, donde hacíamos bolas y los chiquillos nos las tirábamos al cuerpo. Cuando te caía a la cara,… qué repelús.

En la chimenea, viendo el crepitar de las ascuas y de las astillas, en un baile sonoro azuzado por el fuego y las ramas más verdes del fondo. Esa felicidad innata, que no observábamos simplemente porque la teníamos, no la percibíamos.

Llega la cena y todos reunidos, padres, hermanos, tíos, primos y abuelos. Aún con los medios de entonces, todo sabía a gloria. Aquellas viandas tan ricas, comida especial para una noche especial, sidra el Gaitero (aún desconocíamos el cava, porque se seguía llamando champán).

Y de postre, el flan de huevo, que empezaba a despuntar inventado por una señora de Cájar que empleó a dos primas lejanas de La Zubia.

Después los típicos mantecados de Estepa, y los turrones de Alicante.

Contar una anécdota relacionada con la “glotonería”: Mi abuela tenía bien guardados (que no escondidos) los mantecados y demás dulces surtidos en una alacena. Los niños conocíamos el rincón y nos íbamos derechos al lugar, cuando visitábamos a los abuelos. Ella, con un guiño de complicidad y esbozando una sonrisa, aceptaba con cariño la “travesura”.

Después de los dulces, cogían mi padre, mi tío y mi abuelo , la zambomba, mojando las varas, para que fluyera mejor el artilugio musical.

Nosotros, los niños, la panderetas, y las mamás, entonando villancicos.

Cuando hoy escucho un villancico con voces de niñas, que derivan de alguna tienda, se me escapa alguna que otra lágrima.

Las Navidades nunca se olvidan, y hay gente que no le gusta, primero por que la vida pasa y se va yendo gente querida. Segundo y con todo respeto, porque se están liberando o “paganizando” fiestas tradicionales.

No nos pongamos triste porque es Navidad ¡Que sonrían los niños! Tenemos que hacer el esfuerzo de transmitir el espíritu navideño de alegría y paz a todos, incluyendo a los más peques.

Salta, ríe, canta porque llegó Navidad.

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