Maldito GPS por Germán Prados

carretera.jpgTodo transcurre normal, bien, como una noche cualquiera. Recorría una carretera cualquiera de cualquier lugar, una carretera secundaria, atravesando el último pueblo de la travesía donde se pierden las farolas y las últimas luces de las casas y te adentras en las cortijadas.

El coche bien, el cinturón puesto y adelante.

Escucho un siseo breve, algo me recorre el cuello y no le presto importancia. Sigo el camino con mi utilitario a la velocidad que marca. Cada kilómetro que paso, la carretera se hace más oscura, no hay luna e incluso las líneas blancas de la señalización horizontal, líneas continuas y discontinuas van desapareciendo, como desaparecen las líneas de los arcenes.

Todo negro, muy negro. Incluso los pinares e hierbajos menores, apenas se ven. Echo la luz larga del automóvil y sólo hay una espesa bruma. El siseo no sé si es una sensación o una caricia. Eso será un bicho que quiere picarme. Avanzo cinco kilómetros y me paro en una cuneta, me bajo del coche que dejo en ralentí con las luces encendidas, toda la larga, porque apenas se ve.

Me paso la mano por el cuello y es una minúscula araña, –creía que era un mosquito-, a lo que sin más, me la quito y la tiro como quien lanza una pequeña bola. En el interim, se cierra la puerta del coche que había dejado abierta, con un portazo brusco, ¡bah! eso es el viento.

Es noche negra, apenas se ve nada y tampoco pasa nadie. Vuelvo al auto y antes de llegar me tocan por el lateral izquierdo, ¡Uf, qué susto! Es una rama de un árbol que con un poco de aire se ha movido. ¿Movido? Si he pasado rozando porque no se ve nada. Y la puerta se ha cerrado, si no hace viento… ¡Casualidades!

Vuelvo al coche y sigo el camino, no espero nada especial, solo he quedado en casa de mi hermana, de mi cuñado y de sus niños. Ella espera desde la tarde. La reunión sabía que se iba a alargar. Podría haber salido por la tarde, pero a finales de octubre va anocheciendo cada día más temprano.

Emprendo la marcha, habitual, como cualquier día y no sé si es que son sensaciones mías o voy predispuesto.

A las tres curvas, veo cómo alguien -que no sé describir- me hace señales. Tiene como una linterna o un farolillo, pero un farolillo raro, como anaranjado. Me detengo y al llegar, veo que no está.

Me pregunto: Qué raro, ¿me estaré sugestionando, imaginándome cosas, o serán reales?

El camino que hago a casa de mi hermana siempre es de lo más normal, pero esta noche parece especial.

“Gire a la derecha en la próxima intersección”.

¿Quién puñeta ha hablado si voy solo? ¿Girar a la derecha? Pero si todavía no toca desviarme. ¿Quién me habrá metido una grabadora? ¿Quién será el gilón de la oficina que me está gastando esta broma?

Queda menos, en diez minutos llego. Esto se anima en una noche negra, sin luna ni estrellas.

De pronto, veo cómo se me cruza algo raro en la carretera y doy un viraje para esquivarlo. Me sale el corazón por la boca. No sé, ¿un perro? No, era más grande. ¿Un caballo? No, era más pequeño. No sé, una cabra de estos montes, o un jabalí. Vete a saber…

“Tuerza a la derecha en la próxima intersección”.

Ahora caigo y me pregunto si dejé el GPS apagado. No, no puede ser. Intento con una mano conducir y con otra abrir el apoyabrazos, donde hay un hueco útil para colocar cosas y palpar el GPS. Está cerrado.

¿Entonces? Sigo adelante. Apago también el MP3 del coche con música, y silencio total. Me voy acercando.

De nuevo, el GPS, emite un chasquido está noche…

Malhumorado y vehemente, digo: Me estoy volviendo loco o esto no es real: un GPS de ultratumba que me habla porque el mío está apagado, una araña que me roza el cuello… ¡bah! son todo casualidades.

Estoy entrando en la villa y dirigiéndome hacia las primeras casas. Hay más luz. Una patrulla de policía, que viene detrás de mí, me hace señales para que me detenga. Me pregunta uno de los agentes:

-¿Es suyo este GPS?

Con rotundidad digo que no.

Se oye: “En la rotonda gire en la tercera salida.”

-Ha de ser suyo, me comenta el agente. ¿Es Usted …? Dice mi nombre y mi primer apellido, a lo que afirmo que es correcto. Me encojo de hombros y me pregunto si todo esto es normal.

¿Decía algo? -Me pregunta el agente. A lo que respondo que no.

Miro en el apoyabrazos del auto y el GPS no está.

-Sí –me dirijo a uno de los agentes-. Es mío.

Me despido de ellos y continúo adentrándome rumbo a casa de mi hermana. Cantidad de improperios dirijo a una cosa inanimada: -@#-¡!=”-%=?#

Por fin, he llegado.

“Es incorrecto, tuerza en la próxima salida”. “Ha llegado a su destino”.

-Nooo, por favor, si lo he dejado apagado. En un ataque de furia, miro a ambos lados, tiro el GPS al suelo, lo pisoteo y le doy una gran patada.

¡Clic Clon! Toco el timbre de la casa. Pero no hay luz en las ventanas. Me abre alguien la puerta de forma lenta.

-Anda, dejaros de chorradas –espeto con vehemencia.

Se encienden todas las luces de pronto y empiezan todos a reír.

-¡Es Halloween! ¿O no te habías dado cuenta?

Me querían dar una sorpresa.

Todos los niños, a parte de mis sobrinos, con su calabaza y sus disfraces, más feos o más bonitos. El de la muerte, me hace poco chiste. Se me escapa un taco: ¡Co… qué mal gusto! A lo que una amiga, me dice: –No seas “malafollá”. (Bueno, en otras latitudes tendrá otro nombre).

Me incorporo a la fiesta y mi hermana me pregunta: -¿Has traído el GPS que te encargué?

Me doy media vuelta, con la capa de Drácula repeinado, y digo:

-¡Nooooooooooo!

Anuncios

Un comentario en “Maldito GPS por Germán Prados

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s