Maldito GPS por Germán Prados

carretera.jpgTodo transcurre normal, bien, como una noche cualquiera. Recorría una carretera cualquiera de cualquier lugar, una carretera secundaria, atravesando el último pueblo de la travesía donde se pierden las farolas y las últimas luces de las casas y te adentras en las cortijadas.

El coche bien, el cinturón puesto y adelante.

Escucho un siseo breve, algo me recorre el cuello y no le presto importancia. Sigo el camino con mi utilitario a la velocidad que marca. Cada kilómetro que paso, la carretera se hace más oscura, no hay luna e incluso las líneas blancas de la señalización horizontal, líneas continuas y discontinuas van desapareciendo, como desaparecen las líneas de los arcenes.

Todo negro, muy negro. Incluso los pinares e hierbajos menores, apenas se ven. Echo la luz larga del automóvil y sólo hay una espesa bruma. El siseo no sé si es una sensación o una caricia. Eso será un bicho que quiere picarme. Avanzo cinco kilómetros y me paro en una cuneta, me bajo del coche que dejo en ralentí con las luces encendidas, toda la larga, porque apenas se ve.

Me paso la mano por el cuello y es una minúscula araña, –creía que era un mosquito-, a lo que sin más, me la quito y la tiro como quien lanza una pequeña bola. Sigue leyendo