Tiempo de Aprender por Rubén Bustos

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Hay veces que es tarde para comprender y entender las cosas. Ahora, estoy entre tinieblas, mis ojos parpadean anestesiados, rápido descienden para no dejarme ver. La cabeza da vueltas, crujen mis neuronas, como si de una gran resaca se tratase. Apenas, podía recordar por qué estaba así. Mi cerebro me enviaba mensajes sobre mi postura, mas aún no estaba nada clara. Lo más posible es que me encontrara sentado, por los espasmos que daba mi columna vertebral, que era lo que me hacía mostrar, muy de vez en cuando, mis pupilas, aunque no era mucha la luz que por ellas pasaba.

Poco a poco, también empecé a sentir dolor en las muñecas, del roce continuado de un metal completamente frío, casi glacial. Y los aguijonazos que sufrían los maleólos de mis tobillos tenían un sentimiento de soledad y prisión, adorados con cuerdas.

No recuerdo por qué llegué aquí. Mis conexiones cerebrales traían flashes, hacia delante y detrás como un VHS antiguo. BackForward continuos con escenas inconexas. Por ejercer un poco de positividad, quizá eso era bueno. Y las cabezadas comenzaban a disminuir, pareciendo que el sueño daba paso a un atisbo de lucidez.

Las fuerzas, a pesar de no ser muy numerosas, comenzaban a llegar y vi los grilletes, que sostenían mi razón atada a la silla. Mi primer impulso fue gritar “¡Sacarme de aquí!”, pero mis cuerdas vocales estaban adormecidas aún. Sigue leyendo

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