SILENCIOS por Titania Hielorrojo

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A través del ventanal pierdo la vista en las aguas del embalse y en la bruma temprana del horizonte. Adoro los despertares y sus silencios que, lentamente, dan paso a sonidos que se desperezan con la luz. Pocas veces puedo despertar junto a mi amante. En la habitación de arriba, una habitación cualquiera de un paraje escondido, él descansa. Mirando al embalse a través del ventanal siento, aún, el peso de su cuerpo. Huelo, aún, el calor de su boca pegada a mi oído. Me gustan los momentos de soledad de los despertares tranquilos, en su compañía. Fumar un pitillo temprano, dejando que las palabras se vayan posando, perezosas, sobre el papel de mi cuaderno.

Un paréntesis junto al ventanal. Un espacio suspendido entre un ayer y un más tarde. Un despertar silencioso en un tiempo indecentemente mío. Sólo mío. Un descanso que busco con avidez para no olvidar el placer del silencio, de su cuerpo cálido pegado a mi piel. Un hueco entre las horas robadas a la rutina. Para grabar en mi cerebro la luz, la bruma, su olor. Y escribir en el cuaderno cada gramo de sensaciones, mirando al embalse. No imagino un momento igual sin él en la habitación de arriba. No imagino escribir en otro lugar en el que él no esté cerca.

Me pregunto, junto al ventanal, si sería posible que estos despertares fueran eternos. Si pudiera existir siempre una habitación, arriba, con su cuerpo caliente esperando al mío. Y un cuaderno de hojas infinitas para llenarlo de palabras y despertares. Palabras pausadas, desmenuzadas, deshilachadas. Palabras que peino y que luego me pongo para salir del silencio y contárselas al oído, al calor de mi boca.

También me pierdo entre las llamas; entre las ramas de roble que arden en la chimenea. Un fuego en un lugar cualquiera, en un paraje escondido, en un atardecer cualquiera. Me gustan los momentos de silencio, en los que los ojos anochecen y reposan cada imagen del día. El silencio que anuncia travesuras. Las que haré con mi amante entre las sábanas, en la habitación de arriba. La noche. El sueño. Soñar.

Sueño con estos lugares de brumas, de embalses, de amaneceres, de atardeceres. De chimeneas, de silencios, de palabras, de cigarros. Sin rutinas, sin deberes, sin horas, sin anhelos. Lugares y tiempos en los que verter en silencio las palabras que mi amante despeina. Por eso me gustan los anocheceres contemplados en silencio. Por eso me gustan los despertares tranquilos en su compañía. Porque me invitan a escribir. Porque sólo con él yo me despeino. Porque sin él, todo mi mundo es ruido.

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