Clásico, estilo Bergere por Jorge Álvarez Murcia

sillon

¡Ven, siéntate!

Encajonado en aquel sillón clásico estilo bergere con orejeras de color vino tinto, Gorka suda considerablemente por cada uno de los poros de su piel, mientras nota cómo la camiseta blanca de tirante ancho se le pega poco a poco a su más que orondo cuerpo. Un fuerte olor a amoniaco se mezcla con los treinta y seis grados, y el ochenta por ciento de humedad del ambiente hace el resto. Le cuesta respirar y huele mal, a veces ve borroso y nota cómo el pelo se le pega a la cabeza. El sudor chorrea por su frente tan abundantemente que las cejas empapadas ya no sirven para nada. Poco a poco, las gotas inundan sus ojos provocándole un intenso escozor que es incapaz de evitar debido a que sus brazos, apoyados en línea recta sobre el sillón, parecen muertos. No consigue entender por qué no le responden sus miembros. Aumenta la temperatura cuando, de los pies a la cabeza, siente como si decenas, cientos de fuertes manos, comenzaran a pellizcarle con todos los dedos a la vez no dejando un solo lugar de su cuerpo que no estuviera siendo estrujado o como fuertemente magreado. Cada vez más fuerte, friccionando más, y más repetidamente.

El alarido se escuchó por toda la casa mezclándose con un creciente olor a chamusquina.

Gorka busca con ojos histéricos el origen. A la derecha, a la izquierda. Nada. No consigue entender por qué no puede mover las piernas. Se asfixia, le falta el aire y no puede alcanzar la ventana en busca de una brizna.

Sus fosas nasales silban como un asmático acelerado y ya no queda saliva que tragar. Por mucho que fricciona con la lengua en las encías no obtiene líquido alguno, en cambio, nota cómo una rugosa película se va formando con cada roce, como una especie de viruta de goma de borrar de textura musculosa entre la lengua y aquello que ésta rozara. Su nariz es naranja como los dedos de las manos. Sus brazos rojo ascua.

Gorka siente que se derrite.

Gorka deja de sentir dolor.

SALVAMENTO DE PELíCULA

“El cuerpo de bomberos ha conseguido rescatar del interior de sus casas a tres familias en peligro de morir consumidas por el fuego”.

Como si de una película se tratara y ante las cámaras de nuestros reporteros, la dotación acudió al 12 de la calle Azpiricueta, en pleno centro de Pamplona, alertados por la llamada de un vecino de trece años de edad que decía percibir un fuerte olor a quemado y lo que parecían gritos que provenían de la casa de su vecino del primero B.

El humo negro, que huía por las ventanas rotas, quería tocar el cielo mientras a través de ellas y uno a uno, los bomberos fueron evacuando a los quince integrantes de estas tres familias, logrando así salvar sus vidas. No ocurrió lo mismo con un edificio que tendrá que ser demolido y construido de nuevo.

En su última declaración, el sargento del cuerpo de bomberos ha explicado que aun no se ha determinado cómo se originó el fuego que acabó con la vida de Gorka Mújica Etxeberria, de treinta y nueve años y natural de Soria. Las primeras conclusiones apuntan a que el sillón clásico con orejeras en el que su esqueleto yacía sentado cuando fue encontrado, ardió repentinamente”.

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