El juego de las sillas por Adrián Troncoso Rodríguez

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Golfo de Cádiz. Fecha de ayer.

Cuidadosamente intentó extraer el corcho de la botella. Estaba demasiado humedecido y terminó deshaciéndose parcialmente en sus manos. Empujó con un dedo el resto del corcho hacia el interior e intentó mirar por el cuello de la botella, pero el vidrio estaba muy erosionado para ver el interior. Algo había y sonaba. La removió hasta que creyó ver un pequeño rollo de papel. Y sonrió.

Se dirigió hacia el botiquín que tenía en la cocina–comedor del barco y buscó unas pinzas. Como un niño que juega al “Operación” intentaba atrapar aquel papel, pero éste se le seguía resistiendo. Volvió a entrar en el habitáculo principal de la embarcación, en esta ocasión a por las gafas de cerca. Las encontró y volvió a salir a cubierta donde tenía más luz. Ahora sí… y con esmero tiró lentamente del folio enrollado para no romperlo. Estaba seco y en aparente buen estado. Tan solo restos del corcho deshecho.

Contento por el logro, comenzó a desenrollar meticulosamente el manuscrito. Estaba en castellano.

“Hola amigo… ¿Jugaba usted de pequeño al juego de las sillas? Imagino que si estás leyendo estas líneas, has encontrado una botella flotando en el mar o enterrada en la orilla. ¡Qué suerte la mía! Ignoro el tiempo que llevará perdida… Igual días, igual semanas o tal vez sean años. Permítame presentarme: Me llamo Héctor y escribí estas líneas el 19 de Marzo de 1971, frente a las costas de la paradisíaca isla de Menorca…”

Jorge, el solitario tripulante del barco se quedó estupefacto mientras hacía la cuenta de los años que tenía aquel escrito…:

-Puff -resopló, a la par que se subía con el dedo índice las pequeñas gafas que corregían la presbicia acumulada en sus casi 60 años de vida.

Era su primer año de jubilación y disfrutaba en solitario de la pesca del atún… Sus muchos años de trabajo le dieron grandes éxitos profesionales y mayores fracasos familiares. Por ello, se había visto obligado a intentar buscar la felicidad en solitario. Ahora, en la mar, encontraba paz a bordo de su confortable embarcación de recreo. La pesca del atún se le daba fatal. Pero aquella botella que había encontrado flotando, justificaba sobradamente sus repetidos fracasos como pescador. Y siguió leyendo:

“Tengo 29 años y soy capitán de la marina mercante. En la mañana de hoy uno de mis marineros me entregó una botella similar a la que usted debe tener cerca. Estaba cerrada y en el camarote leí su contenido. Estaba escrita en francés, lengua con la cual me manejo bien. La carta era remitida por un señor del Ejército francés, llamado François, de 48 años que había participado en la Segunda Guerra Mundial. En su contenido hablaba de una antigua cadena: “la cadena de la botella”. ¿Jugaba usted de pequeño al juego de las sillas? El juego de la silla, tra la ra ra… Al parecer, según contaba el francés, hace varios cientos de años se produjo una cruel tragedia entre unos adoradores del vudú, que estaban reunidos en el Norte de Haití. Un misterioso fuego envolvió la choza donde estaban practicando. Llevaron los cuerpos a un houngan vudú. Y el sacerdote, pudo reanimar la vida de dos hombres. Sin embargo solo pudo salvar un cuerpo. Dicen que el alma de este hombre salvado que quedó sin cuerpo, viajó por los mares hasta encontrar un cuerpo donde alojarse y continuar su vida. ¿Parece macabro, verdad? Eso mismo pensé yo.

¿Jugaba usted de pequeño al juego de las sillas? A mí me angustiaba… Siempre faltaba una silla. Y sonaba aquella música con lastimeras vocecillas infantiles… El juego de la silla, tra la ra ra… Teníamos que rodearlas corriendo y en el momento que la música paraba, correr en busca de la tuya. Siempre un niño se quedaba sin silla y perdía.

¡Qué buena suerte la mía! ¡Qué mala suerte la suya! Se ha quedado sin silla.”

El tripulante del barco dibujó una extraña mueca sonriente. Con un lento caminar, observó sus manos y se dirigió al interior de la nave. Entró en el pequeño cuarto de baño y se miró en el espejo.

“Hola amigo… ¿Jugaba usted de pequeño al juego de las sillas? Imagino que si estás leyendo estas líneas, has encontrado una botella flotando en el mar o enterrada en la orilla. ¡Qué suerte la mía! Ignoro el tiempo que llevará perdida… Igual días, igual semanas o tal vez sean años. Permítame presentarme: Me llamo Jorge y escribí estas líneas el 22 de Marzo de 2014 en el Golfo de Cádiz… ”

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2 comentarios en “El juego de las sillas por Adrián Troncoso Rodríguez

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