Sara por Jorge Álvarez Murcia

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-¿No recuerdas qué pasó?

-Hacen mal sus feas palabras en mis pesadillas, ¡dile que se detenga!

La melena enmarañada le llegaba hasta empaparse con el agua, que abundante, rebosaba a borbotones vertiéndose por el piso, de un baño en la planta baja, que casi estaba inundado. Mojadas palmas y dedos, sus deshidratadas manos, se aferraban fuertemente a los bordes del lavabo manteniéndola inclinada como a ciento treinta grados. Descalza y con pijama, mojado hasta los tobillos, los dibujos estampados ascienden hasta el ombligo, donde cuerda de embalar, anudada doblemente, ciñe al talle un pantalón que hace poco entraba exacto.

Sobre párpados morados, sus inmensos ojos miel, reflejan atormentados la angustia del que ha perdido, una lucha interminable contra instintos animales que la mantienen en vilo, despierta y con diez sentidos. Y contrastan con el gris de una piel que no se toca, porque ya no siente el tacto cálido de otras horas.

La sangre por la nariz se mezcla con el carmín y la vida de su amante secándose entre sus dientes, le deja regusto a fierro, provocándole una arcada y frunciéndole el ceño. El horror por lo que ha hecho chorrea barbilla abajo. El eco de una pregunta le amartilla muy despacio, haciendo temblar su cuerpo, resquebrajándolo lento, agrietando sus entrañas y dejando al descubierto sus más oscuros temores; que le aprisionan las ganas, que asesinan sus bondades y la encierran junto al mal con el miedo de su parte.

Balbucea, tirita, llora. Mientras, trata de alumbrar la oscuridad de su mente. Ahí se debe ocultar, el porqué y desde hace cuánto recupera la conciencia. Sin saber cómo ni dónde. Despertando de letargos en los que seres humanos, yacen muertos a su lado, sin recordar qué ha pasado…

-¿No recuerdas qué pasó?

-Solo su cuerpo tendido, susurrándome al oído que sabía lo que soñaba, que por las noches vendría, que nunca me libraría.

-¿No recuerdas qué pasó?

-Mis manos ensangrentadas. La cabeza me explotaba. Mi ropa toda rasgada y a dos metros la ventana. ¿Cómo supo qué soñaba? ¡Jamás he hablado a nadie, acerca de mis delirios!

Noche tras noche, al entrar en mi narcosis, le oigo quejarse y quejarse tratando de hacerme sentir culpable.

…El espejo no perdona, si te asomas te lo muestra y pocas veces traiciona. Si te atreves a observarte, saldrán a flote tus miedos. Pero también la sonrisa o la energía que desprendes.

Sara desesperada, grita desde la rabia, ya que hace algunos meses que no se ve reflejada. No recuerda su expresión, ni el color de su alegría, está olvidando su cara de chica experimentada. Se está borrando del mapa y no guarda imagen clara en su cabeza extenuada. Golpea con gran violencia otro espejo sin reflejo, deseando que quebrado y por el cambio de forma, le muestre al menos un “algo” que refresque su memoria y le dé una pista vaga de cómo era su cara.

Con el grifo ya apagado y los nudillos rabiando, se gira sobre su espalda apoyándola en la pila. A sus pies, semiflotando, Carlos le está mirando. Arañazos en el torso con la carne desgarrada, sangre seca en los oídos y la yugular sesgada. El vientre abierto en canal, desde el tórax hasta el pene y las carnes separadas por el ancho de un hocico. Lo último que recuerda es que Carlos le gritaba afirmando sin reparo, que él no le había engañado. Todo parece apuntar que la responsable es ella, mas no entiende la manera.

-¿No recuerdas qué pasó?

-Que mi tiempo no era mío, y aunque él no lo veía y dado que le quería, corría un tupido velo y seguía con mi día. 

-¿No recuerdas qué pasó?

-Que a ciencia cierta creía, que si todo se torcía, por mucho que lo negara, daría por mí la vida sin pensar lo que exponía…

Noche tras noche…  entra  en mis sueños… le oigo quejarse y quejarse… tratando de hacerme sentir culpable.

 … Ahora te la he quitado, me la he bebido de un trago sin saber cómo ha pasado, sin recordar un instante ni en qué momento entré en trance. Pero tú me conocías, sabias que pasaría si me seguías agobiando, y no quisiste evitarlo, miraste para otro lado pensando que no estarías para ver cómo algún día con La Parca de la mano tu cuerpo me comería, tu sangre me bebería.

Basado en el tema Don´t you remember de Wax Taylor.

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