Galopar por Mercedes Bresó Fernández-Coto

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¿Qué es para ti amar?

Para muchas personas, amar, es un anillo: dos personas que se unen para formar una sola. Pero yo siempre he pensado que cuando eso ocurre, una de las dos ha dejado de ser para convertirse en la otra, y eso no es amor, es sumisión.

Para otras, amar es como los conjuntos que nos enseñaban en el colegio que se unen por los elementos que tienen en común. Se acerca más a lo que yo pienso, pero aun así no acabo de verlo.

Para mí amar es galopar. Sí, se que te acaba de venir una imagen con alto contenido erótico a la mente, pero no me refiero a eso. Me explico:

Crecemos oyendo cuentos sobre príncipes azules y delicadas princesas, que son felices y comen perdices. Pero es mentira: los príncipes azules no existen y tampoco las delicadas princesas.

Reconozcámoslo: todos tenemos virtudes y defectos. Comemos, bebemos, cagamos, eructamos y nos tiramos pedos. Sí, las delicadas princesas también. Y el metano huele igual lo produzca el intestino que lo produzca, coma perdices o verduras a la plancha.

A los hombres se les dice que tienen que ser atentos, escuchar, comprensivos, graciosos, fuertes, sensibles… En definitiva, que sean los príncipes azules que acudan al rescate.

A las mujeres se nos dice que debemos ser dulces, cariñosas, comprensivas, tiernas… Que seamos las delicadas princesas que deben ser rescatadas.

Pero es mentira. Son imágenes, estereotipos que no se pueden alcanzar.

Y también está la otra mentira, la que se ha impuesto ahora. Esa por la que intentan hacernos creer que no nos necesitamos. Que el hombre que tiene éxito es el que hace lo que quiere, folla con quien quiere y no tiene ningún tipo de responsabilidad porque esa mujer sabía antes de irse con él a la cama que lo único que habría entre ellos era sexo.

Y a la mujer también se le está enseñando esa misma mentira. Se le dice que tiene que ser independiente, que no necesita ningún hombre a su lado, que puede follar cada día con uno y que no tiene por qué dar explicaciones a nadie. La mentira llega hasta el punto de estar mal visto no ser “liberada” y si no cambias de pareja cada luna es que te pasa algo raro.

Y es cierto que no tenemos que dar explicaciones a nadie de nuestro comportamiento, salvo a nosotros mismos. Tenemos que ser consecuentes con nuestras ideas y nuestros sentimientos. Tenemos que ser fieles a nosotros.

Y, nos guste o no, nos necesitamos. No para cambiar una bombilla, cocinar, arreglar un grifo que gotea, planchar…Nos necesitamos no para rescatarnos mutuamente de nuestras vidas, sino para aprender las lecciones que nos llegan en el día a día.

Hace poco alguien me dijo que se sabe lo que no se quiere, pero no se sabe lo que se quiere.

Pues yo sí sé qué quiero:

Quiero romper las cadenas que me atan.

Quiero saltar por la ventana, utilizando dichas cadenas como cuerda que me ayuden a encontrar mi Libertad.

No necesito que me rescaten, pues soy capaz de escapar.

Quiero llegar a la playa… Y encontrarte con dos caballos: uno para ti y otro para mí.

Y galopar por la playa, a lomos de nuestros respectivos caballos, libres.

 Reír, chillar, disfrutar de la brisa en nuestra cara, del sonido del mar…

Libres para elegir el mismo camino.

Libre para decidir permanecer a tu lado perdiendo parte de esa Libertad, sabiendo que en realidad no la pierdo, pues quien es Libre no puede atar a nadie.

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