Donde reside la mirada: Parte I -La Soledad- por Florent Santos

Imagen

Cuando la soledad se hace consciente, es el corazón, tatuado de tristeza, el que una y otra vez grita intentando al menos escuchar su propio eco.

Es la amargura de la no existencia. Todo lo no escuchado, es como si no se hubiese dicho. Todo lo no conocido, es como si no hubiese existido. ¿Cuántas veces, sin quererlo acaso, damos de esta forma muerte a los que nos rodean?

Oír sin escuchar el continuo murmullo de la existencia de los demás, mientras contemplamos impasibles la decrepitud de nuestra propia existencia; gris, amarga…, senil en la plenitud de la vida. En esta sociedad hedonista y superficial, no somos capaces de detenernos en mitad del gentío, mirar a nuestro alrededor y dedicar un segundo de nuestra vida, una mísera e insignificante parte de nuestra existencia a los que nos hacen olvidar nuestra soledad… ¿o tal vez son los que nos la recuerdan?

La soledad es la conjunción de sentimientos contradictorios, de gozo y de tristeza. La necesidad que las personas tienen de soledad no es sino la afirmación de la individualidad, que una y otra vez nos hace pensar en nosotros mismos, en nuestro devenir. Esta necesidad es la que nos empuja, y a la vez nos oprime. La soledad.

Una compañía tan amada como odiada, pero siempre una compañía fiel. Ay! La soledad que nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Cuando la tenemos no la queremos; cuando no, la añoramos.

Una mirada de soledad es la mirada desarraigada. Los ojos puestos en la nada, la sonrisa oculta y la expresión desaparecida. Unos ojos desarraigados, una tristeza oculta, que aflora tan solo por la mirada. El desarraigo que produce más dolor, el desarraigo de otras almas. Sentimientos que se encuentran en una sola mirada, que solo están para causar el dolor propio, cuando ante el espejo la mirada es devuelta. Nadie ha de mirar la mirada, nadie ha de soportar la levedad de su tristeza, nadie ha de comprender su desesperación, nadie ha de recordar su tibieza. Nadie, porque nadie corresponde la mirada. Nadie, porque nadie es el destinatario de unas lágrimas, de los gritos del iris. Nadie, porque, en fin, nadie es la mirada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s