El presidente por Adrián Troncoso Rodríguez

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El escrutinio estaba al 84% y todos los medios de comunicación lo anunciaban como el futuro presidente del país.

Atrás quedaron duros días de campaña electoral. Habían transcurrido jornadas agotadoras hasta para un político joven como él: aviones, trenes, coche…

Reflexivo, comenzó a hacer un cálculo mental de los kilómetros recorridos, pero desistió. Entonces, su mente hizo un rápido repaso de aquellos últimos meses. Su lucha contra los poderes establecidos había dado sus frutos.

Ahora, los informativos lo aclamaban como nuevo presidente del gobierno. Las papeletas estaban escrutadas ya al 98 por ciento y nada podría cambiar la decisión de los electores.

Su asesora de imagen estaba supervisando el maquillaje antes de su primera aparición. Todo el que se cruzaba con él lo felicitaba y hacía rato su móvil se había quedado sin batería de tanto recibir mensajes. El responsable de campaña le pasó un breve discurso. El futuro presidente lo ojeaba mientras la maquilladora terminaba su trabajo.

En sus minutos de gloria ante la multitud de cámaras, lanzó mensajes breves y de grandes titulares: “Hemos luchado contra los poderes establecidos. Nada ni nadie influenciará en nuestro programa. Por fin gobernará el pueblo”.

La sede de su partido político era un hervidero. Las botellas de vinos espumosos corrían como la pólvora. Sonrisas y congratulaciones se hacían contagiosas. Pero él, permanecía sereno.

Finalmente se acercó a su esposa y ésta le intercambió una mirada cómplice:

-“Quiere descansar el Presidente”.

-“Sí. Lo necesito. Vamos para casa. Me encuentro aturdido”.

Su chófer de confianza los trasladó hasta su domicilio. Su mujer le alababa la victoria durante el recorrido: “Cariño, ha ganado la libertad. Tú representas esa libertad. Ya está bien de injerencias extranjeras, del poder de la banca, de los intereses de los más poderosos… Esto es un sueño hecho realidad. Ahora eres el hombre más poderoso de la nación.” Pero el flamante ganador de las elecciones meditaba en silencio y parecía aturdido.

Llegaron a la puerta del domicilio familiar y el chófer, dirigiéndose a los asientos traseros, tomó la palabra:

-“Ya hemos llegado, Señor. Me gustaría con su permiso comentarle una pequeña cuestión personal”.

-“Claro que sí”. “Tesoro, ve entrando tú en casa, ahora mismo subo yo” –le dijo a su esposa con voz suave.

Con cierta extrañeza por la inoportunidad, la futura primera dama se apeó del vehículo, cerró la puerta del automóvil y fue entrando al chalet donde residían.

El conductor giró medio cuerpo hacia el asiento trasero. En el movimiento, su corbata quedó del revés, dejando a la vista la etiqueta trasera de la misma.

El rostro de su interlocutor permanecía impasible y casi pálido. El chófer tendió la mano y habló con autoridad:

-“Es hora de comenzar a trabajar, chavalín. Buen trabajo. Esperamos no habernos equivocado contigo. Hoy descansa. Mañana ya hablaremos…” –espetó mientras golpeaba el hombro del nuevo gobernador.

Éste, se bajó del vehículo lentamente y sin responder. Su mirada estaba perdida y la imagen de la etiqueta de la corbata del chófer quedó grabada en su mente y se repetía como un bucle.

Caminaba abstraído hacia su domicilio sin poder quitarse del pensamiento aquel flash, donde se apreciaba con claridad la escuadra y el compás tras una pirámide, en la corbata del Gran Maestro Guardián de Códice.

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2 comentarios en “El presidente por Adrián Troncoso Rodríguez

  1. Perseomediamanagement dijo:

    UUUFFF, me falta tiempo, pero en breve, este fin de semana sin falta. El caso es que quiero, pero, aaaarg

    😉 Besos

    Jorge lvarez Murcia Community Manager perseomediamanagement.wordpress.com

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