Almas gemelas por Eva Sastre Pardo

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Seguramente se habrían encontrado en multitud de ocasiones, pero sus miradas no se habían cruzado hasta aquel día. Fue en ese preciso momento cuando fueron conscientes de su existencia. Se miraron y esa mirada las unió para siempre.
Montse tiene tres niños, dos chicos y la pequeña Lucía. Felizmente casada y con un buen nivel económico que le permitía vivir en la máxima tranquilidad. Es feliz. Ama a sus hijos y a su marido. Nada le ha faltado en su vida.
Cristina es madre soltera. Claudia, su pequeña, fue fruto de una noche loca de whisky on the rocks. Decidió ser valiente y sacar adelante sola a su hija. Nunca se arrepintió de la decisión, pero su vida nunca resultó fácil. Trabajo día y noche, problemas económicos, inestabilidad amorosa…. Su vida no era, precisamente, un camino de rosas, pero aun así, alcanzaba la felicidad con su bien más preciado: Claudia. El pluriempleo la obligaba a demandar ayuda de su padre, que en ocasiones, cuidaba de la nieta por las noches, mientras Cristina echaba horas extras en un bar de copas. Sigue leyendo
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Enredados por amor por Laura Ferrera Van Thienen

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Eran ella y él, dos almas solitarias y perdidas en la gran inmensidad de las redes sociales. Ella decidió abrir su cuenta de Twitter, sin pensar los beneficios que el destino le tenía preparado más allá de lo profesional, en lo sentimental. Él acostumbraba a tontear enviándoles mensajes a las chicas que pasaban por su timeline, se sentía solo. Las invitaba a tomar café, tal vez alguna picara. El día menos pensado, dio con ella…. morena, interesante, con una mirada cautivadora y una sonrisa capaz de encantar a quien se lo propusiera.

Ella dudó, pero le caía bien y aceptó, aunque tardó en concretarse. Los comienzos fueron de tuit en tuit, poco a poco fueron conociéndose. Vivían a una gran distancia de kilómetros, pero los 140 caracteres acercaban su corazón. Ella al principio desconfiaba de él, más era tan cariñoso que poco a poco fue ganándosela, y la coraza de ella terminó de fundirse, cayendo rendida a sus pies.

Día tras día, ella despertaba mirando su DM a ver si tenía algún mensaje suyo, más luego el whatsapp fue testigo de sus mensajes de amor. El día del encuentro se produjo, y lejos de haber frialdad, sus miradas inmediatamente se conectaron, y tímidamente se fundieron en un beso interminable, de esos apasionados que cortan la respiración, eriza la piel y hace que todo lo circundante pareciera inerte, pues solo estaban ella, él y sus sentidos, el resto carecía de importancia.

Los días pasaban, las emociones crecían, el cariño se asentaba y cuando terminó de cautivarla, él se cerró como una ostra por miedo a perderla, a enamorarse cada día más de ella, inseguridad que le llaman. Dicen que el miedo es lo opuesto al amor, que endurece el pecho, acelera los latidos del corazón y hace que comiencen los controles. A él ya le molestaba que navegara por ese medio social que le había acercado a ella. Luego de un tiempo de largas charlas telefónicas y mensajes, ella pudo poner en práctica su empatía y entender su manera de comportarse, lejos de juzgarlo, logró mediante el amor ablandarlo nuevamente, y que dejase atrás sus temores. Como dice la canción, el amor es más fuerte.

A día de hoy siguen juntos, navegando por las redes, compartiendo latidos acompasados y persiguiendo el mismo objetivo, hacerse cada instante el más mágico, dejando atrás los miedos y que esa máquina, que hace tic tac, hable por sí sola.

Fotografía: Sitio web “Educación contracorriente”

Natacha por Pily Barba

NatachaA Natacha y a Naty, dos seres extraordinarios.
A todas las mamás que luchan por sus hijos contra viento y marea.

Siempre intuí que Natacha tenía un algo especial. Y sinceramente, aunque no sabía muy bien de qué se trataba, tenía claro que la razón no eran ni sus bonitas tetas ni su salvaje melenón. Tampoco esos ojos de un loco marrón: dos rayos láser que te atravesaban sin miramientos con la bondad de fondo, incrustada en sus pupilas. Qué maravillosa mezcla… Pero creedme, nada de eso tenía que ver con lo que siempre he experimentado al pensar en ella, o al mirarla, o cuando la escucho, porque bien es cierto que la muy cabrona tiene un desparpajo que desmonta al más pintado. Pero no. Ni siquiera ser consciente de que incluso cuando el viento va en su contra jamás deja de regalarte una palabra amable. Nunca vi tanta pasión por los demás; por la vida. Vale, va, lo reconozco. La primera vez que la vi ya me colé por ella, pero esa no era la razón. Estar enamorado no te hace ver de una manera tan clara esa especie de… aura, en el caso de Natacha, tan blanca y radiante. Tan pura. Juro que a veces me he sentido como el estúpido enano ese mirando a la elfa rara en la peli aquella del anillo. Aunque siempre he tenido claro que yo no estoy tan flipado. Pues anda que no me han gustado tías… Sigue leyendo

Donde reside la mirada: Parte IV -La tristeza- por Florent Santos

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Una mirada cargada de lluvia, una fingida sonrisa que devuelve la fotografía que la sociedad se hace de sí misma. Una mirada ajena y lejana cargada con alforjas de sentimientos  inalcanzados e inalcanzables luchando por no caducar en la memoria inconsciente del ser olvidado. Son los bolsillos llenos de quiméricas esperanzas, una diaria y martilleante cadencia de lagunas que desgarran las últimas horas de cada día.

La mirada cansada y cansina, perdida en unas ramas de eucaliptus que agita el viento de mayo, impregnando la atmósfera de la tristeza de su aroma. Como una pequeña piedrecilla que en un acantilado es arrastrada por las olas mientras sueña con ser iluminada por el sol que se duerme en el horizonte. Igual que un coral se deja mecer en las profundidades durmiendo su sueño, sus noches y sus días. Igual que una gaviota que no encuentra su costa. Un faro en la tierra de nadie.

Así es una mirada triste, soportando el peso de sus recuerdos y de sus añoranzas, de sus miserias y sus utopías. Una mirada cargada del dolor del nunca llegar y del nunca alcanzar. Una mirada que a duras penas resiste el peso de sus propios párpados, mientras lucha por mantener abiertos unos ojos que delatan la amarga sensación de los pétalos de margarita que dicen que no.

Donde reside la mirada: Parte III -La ilusión- por Florent Santos

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El temblar de una voz que agita un corazón agitado, es el centelleo de un lucero de ilusión. Una mirada en las claras del día, viviendo no por el aire que respira, sino por el que lo hará. Amanecer de cada uno de los momentos que están por vivir, que los esperas y ansías, necesitando en cada uno de ellos, la grandeza de lo que no se tiene, que tan grande es para tenerlo que su posesión lo empequeñece.

Ilusión que hace que brille la mirada porque el corazón y el alma brilla. Unos ojos llenos de ilusión son como esa pequeña cajita en la que desde siempre vas guardando pequeños tesoros, cotidianas pequeñeces, con la ilusión de convertirlas en grandes y excepcionales realidades. Ese es el gran misterio de la alquimia de la ilusión. Pócima secreta que solo un corazón ilusionado conoce, guardado secreto que permanece siempre oculto en las pupilas más inocentes, cargadas de pureza hasta el iris.

La mirada, la mirada ilusionada es la que elige la primera pieza del puzzle mientras sueña en la inconclusa obra. La que cada día riega una semilla de amistad, disfrutando la inconsistencia del futuro amor. Esa es la verdadera ilusión, la verdadera mirada.

 

Imagen: sitio web “Caminando en la Perseverancia”

Donde reside la mirada: Parte II -El amor- por Florent Santos

Imagen¿De qué color es el amor?…. del color de tus ojos.

De todas las emociones y todos los sentimientos que residen en la mirada, es el amor el más puro. Es tan intenso que tan solo de su propio brillo es capaz de iluminar toda una existencia.  Basta con mirar a los ojos a una persona enamorada para enamorarse de su mirada. Es tan bella la firmeza de su intensidad que basta con cerrar los ojos para recordarla eternamente.

Es la luna llena, plata en la noche. La existencia más dulce y más exquisita. Más inconsciente y más despreocupada. Porque es amor, y el amor no importa, no tiene nada que explicar, sino su propia e inexplicable razón de ser.  Esa es el gran gozo de sentir el amor, pero es también el de demostrarlo. Aún sin quererlo, es el amor el que reina en nuestra mirada, cuando los ojos buscan desesperadamente la mirada confidente, la mirada cómplice… la mirada enamorada. Ojos que enamoran al enamorado, sueñan cada segundo con otros ojos, que no son pupilas, son cielos infinitos y profundos, llenos de estrellas de pensamientos, llenos de luceros de ilusiones.

Es el corazón en el iris del tiempo eterno, la dulzura de la gratitud y la felicidad del siempre ser. Cuando unos ojos están enamorados, desean por siempre permanecer en ese maravilloso estado, una eterna niñez en el país de nunca jamás; una eterna felicidad en el país de los corazones diapasón. 

Donde reside la mirada: Parte I -La Soledad- por Florent Santos

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Cuando la soledad se hace consciente, es el corazón, tatuado de tristeza, el que una y otra vez grita intentando al menos escuchar su propio eco.

Es la amargura de la no existencia. Todo lo no escuchado, es como si no se hubiese dicho. Todo lo no conocido, es como si no hubiese existido. ¿Cuántas veces, sin quererlo acaso, damos de esta forma muerte a los que nos rodean?

Oír sin escuchar el continuo murmullo de la existencia de los demás, mientras contemplamos impasibles la decrepitud de nuestra propia existencia; gris, amarga…, senil en la plenitud de la vida. En esta sociedad hedonista y superficial, no somos capaces de detenernos en mitad del gentío, mirar a nuestro alrededor y dedicar un segundo de nuestra vida, una mísera e insignificante parte de nuestra existencia a los que nos hacen olvidar nuestra soledad… ¿o tal vez son los que nos la recuerdan?

La soledad es la conjunción de sentimientos contradictorios, de gozo y de tristeza. La necesidad que las personas tienen de soledad no es sino la afirmación de la individualidad, que una y otra vez nos hace pensar en nosotros mismos, en nuestro devenir. Esta necesidad es la que nos empuja, y a la vez nos oprime. La soledad.

Una compañía tan amada como odiada, pero siempre una compañía fiel. Ay! La soledad que nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Cuando la tenemos no la queremos; cuando no, la añoramos.

Una mirada de soledad es la mirada desarraigada. Los ojos puestos en la nada, la sonrisa oculta y la expresión desaparecida. Unos ojos desarraigados, una tristeza oculta, que aflora tan solo por la mirada. El desarraigo que produce más dolor, el desarraigo de otras almas. Sentimientos que se encuentran en una sola mirada, que solo están para causar el dolor propio, cuando ante el espejo la mirada es devuelta. Nadie ha de mirar la mirada, nadie ha de soportar la levedad de su tristeza, nadie ha de comprender su desesperación, nadie ha de recordar su tibieza. Nadie, porque nadie corresponde la mirada. Nadie, porque nadie es el destinatario de unas lágrimas, de los gritos del iris. Nadie, porque, en fin, nadie es la mirada.

La gente como Nene por Fernando Cámara

La gente como Nene

A veces trato de recordar muchas cosas, eso sí, siempre con cuidado, porque cuando Nene te mira parece saber siempre lo que estás pensando. Es como si los ojos delataran absolutamente todo lo que te pasa por dentro. Hay gente como Nene que lo adivina con un vistazo rápido. Y luego resulta que se siente muy por encima de ti y no sabes qué hacer. Sólo te queda la opción de correr lo más rápido posible para huir de sus manos.

Nene no es ni mejor ni peor que otros. He pasado por familias más terribles y dañinas. Y aunque no abundan, también he estado con personas bastante consideradas.

El truco para convivir está en mostrarse un poco receloso, incluso violento, no dejar que se sientan tan dueños, que sepan que te puedes volver contra ellos en el momento que quieras y, sobre todo, que no te sometan nunca a sus absurdos juegos. Si no lo haces así, estás perdido.

A Nene le tuve que asustar ya de pequeño pues no paraba de darme pellizcos para que le gritara. Entiendo que era muy chico, pero el tiempo ha venido a demostrarnos a todos que tiene mucha malicia, tal y como pensé cuando vi sus brillantes ojitos, recién venido de la maternidad. No es cuestión de familia ni de educación; sé que los hay nefastos, duros, con ganas de hacer daño cuando menos te lo hueles. Aunque a veces les entra un estado de ternura muy tonto y son los que, a ratos, te tratan como nadie. Son tan raros.

Como decía antes, asusté a Nene, vaya que si le asusté. Eso se sabe cuando la víctima se queda muy callada, tan callada… y luego no te dirige la palabra en unas horas, como por miedo a que todavía puedas continuar con ganas de gresca. El miedo es la mejor reacción que pueden tener porque de otra forma…

Nene es diferente, se le olvidan los temores al rato. Sé que me quiere hacer daño y cuanto más le dejas (lo digo por los días en que te levantas indiferente y que te da todo igual) más quiere. Incluso creo que llegaría a matarme sin sentir la menor pena.

Es angustiosa la sensación de estar adormilado frente a la lumbre y no poder relajarte del todo por el terrible presentimiento de que Nene anda acechando desde cualquier ángulo del salón. Lo peor es que todavía le quedan un par de años para ir al colegio y eso es mucho tiempo.

Ya me he planteado largarme de aquí muy seriamente, pero antes de hacerlo os juro que a Nene le voy a dar tal susto que no volverá a maltratar a nadie. Y después… me dedicaré a buscar un nuevo hogar idealizado que al final resultará peor que los anteriores. A lo mejor desaparezco sin que nadie sepa nada, sin que Nene se entere. Seguro que eso le duele más que si le atacara violentamente; ya sabéis que es muy rarito para todo.

Pero lo que es seguro es que no vuelvo a una casa con niños, por muy buenos que se presenten y luzcan caras tan dulces y graciosas como la de Nene. Cuesta tanto aguantar este martirio que sientes cómo se te consume la vida con cada molestia, con cada mala idea, con cada pellizco. Aunque después son tan idiotas todos que se echan a reír, como quitándose culpa. Lavan su conciencia diciendo que no importa, que justamente para eso estás parido con siete vidas.