¿QUIÉN SOY? por Jorge Álvarez Murcia.

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Permite que me presente:

Soy todo lo que tú anhelas, la alegría en lo más hondo, la sonrisa de tu alma, la satisfacción de un padre o el amor de tu mamá, la complicidad de hermano o la sincera amistad. Aquello por lo que naces, tu motivo de vivir, las respuestas de tu vientre, lo más deseado por ti. Crecéis queriendo de mí, bebiendo de mi elixir, confiando en que ando cerca para poder sonreír, reflejándose por fin, ese lóbrego camino que no ves, que crees perdido, que se siente y se percibe, del que hablan con sigilo. La que buscas con ahínco y te quieres tropezar. La que guardas en secreto si descubres donde está, protegiéndola en silencio, “¡no me la quieran quitar!”.

Soy la llama de la vida que te alumbra la ilusión, con quien sueñas cada noche recostada en el sillón. Motivo de la existencia, tu aspiración animal. Yo te abrazo, te acaricio, yo te beso con pasión y te rozo la mejilla concediéndote valor, cuando un revés de la vida desgarra tu corazón. Soy el final de tus miedos porque me alimento de ellos, quien te enseñará a volar si confías en mi credo. La que te ofrece respeto, espacio, tiempo y compromiso, quien te da seguridad para alcanzar objetivos, y te anima y te jalea, la que en ti cree sin reparo, viendo el vaso medio lleno cuando crees todo acabado.

Aunque en todo rincón vivo y en todo rincón yo soy, pocos me sienten fuerte, pocos intensamente. Un segundo en tu cabeza al despertar en tu cama, son los rayos que se filtran por tu persiana bajada. Un atisbo ante el espejo, motivo de verte guapa. Una pizca de fragancia y verás que todo pasa. Rápida cual sonido e intensa como la luz, brillante como tu alma, tu sonrisa o el azul. Diez minutos a mi lado serán temblor y sudor, harán que te sientas libre, que descubras tu interior, que quieras más cada día, que me busques con fervor.

Trata de percibirme, permítete adivinarme, he estado siempre a tu lado cuando alguien te ha engañado, susurrándote al oído que nada había terminado, y encendiéndote la luz de aquel oscuro pasillo, alumbrando así las trampas que te hubieran apresado en la fría hipocresía de quien nada te quería y tan solo pretendía absorberte la energía, hasta el final de tus días.

Trata de percibirme, permítete adivinarme en las caras sonrientes de aquellos que ya me han visto y comprobaron que existo. En corazones sinceros. En bocas de cero pelos.

Trata de percibirme, permítete adivinarme, dejando a un lado la envidia, matando el exceso de ego, deshaciéndote del ansia que nace de la codicia. Y agárrate a mi cintura. Y disfruta del paseo. Y deshazte de la culpa. Y perdónate primero.

Entonces entenderás, que lo que doy o te entrego, por mucho que lo pretendas, no se paga con dinero, diga lo que diga el ego.

Fotografía: “Llegó el sol y la felicidad”

Blog del autor: Cosecha del 77

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