Mensaje por Pilar Cortés

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Jamás había leído una historia que me hubiese calado tanto; “Seda” de Alessandro Baricco. Me lo regalaron mis amigas en mi treinta y tres cumpleaños. “Para que sigas soñando y abras los ojos”, me dijeron cuando me lo dieron. Nunca una historia de amor me había emocionado, lloraba a escondidas. Es verdad, vivimos en una sociedad en la que las novelas de amor ya no son lo que eran… y además casi te crucifican porque seas ñoña, romanticona y todavía sueñes con tu príncipe azul. Pero, en aquella época seguía soñando. Al leer “Seda” fue cuando me di cuenta de todo y mi mente empezó a pensar y verlo todo desde una perspectiva totalmente diferente a como lo había hecho hasta entonces. En especial vi que algo cambió en mi relación con Teresa, es una de mis buenas amigas.

Aquella fue una mala época, fue justo después de que Nacho me soltara la bomba sin saber muy bien qué hacer con ella. Sí, la nuestra no fue una relación perfecta, todo hay que decirlo, pero a decir verdad había complicidad, amistad y confianza. Para mí, estos  tres elementos son principales que toda relación debe tener, da igual que sea amorosa, de amistad, de amistad con derecho a roce… no importa. En cambio, no todas mis amigas lo tenían.

Creo que si no hay complicidad, amistad y confianza no se va a ningún sitio, o por lo menos a mí, no me llevan a ningún sitio y menos al huerto. Nuestra relación según yo sentía y vivía tenía esos tres elementos, hasta aquella noche del 14 de noviembre de 2010. Después todo cambiaría. No es que fuera una fecha especial, no. No era nuestro aniversario ni nada por el estilo. Justo hoy hace tres años de aquella fatídica noche. Sólo sé que la bomba me estalló en mis propias manos.

La noche de autos, él estaba algo más nervioso de lo normal. Le pregunté varias veces y sus respuestas eran secas, parcas… “Nada, estoy bien”, me respondía. La verdad es que no insistí porque cada vez que lo hacía me ponía una cara de perros que parecía que me iba a estampar contra la pared y no precisamente de pasión. Hicimos la cena los dos en un silencio que se podía escuchar el sonido de mi mandíbula masticando el chicle.

-“¿Puedes parar de una vez, por favor?”-Dijo gritando como si le estuviera torturando sin dejarle respirar.

-“Pero esta vez no te he preguntado, Nacho.”-Me miró como mira una fiera a punto de atacar. Temí que quisiera sacarme los ojos.

En aquel momento, sonó mi teléfono móvil. Lo cogí y vi que era un WhatsApp de mi amiga Teresa. Tan sólo decía:

“Lo siento, la he fastidiado… lo siento.”

“¿Qué ha pasado?” Le contesté.

“Veo que Iñaki, no ha abierto la boca… la hemos fastidiado y de verdad que lo siento.”

“Tranquila. Te llamo.”

“No, no, me tiembla todo el cuerpo. No puedo aguantar más. No puedo más.”

Me empecé a poner nerviosa, ¿por qué puñetas la gente se empeña en decir determinadas cosas por el cacharro este (el WhatsApp).

“Mira, no sé qué ha pasado pero tranquilízate. Te llamo.”

“No, ¡¡noooooo!! Si se entera alguien me matan.”

“A ver, bruja ¿qué has hecho? ¿Con quién te has liado esta vez?”

“Álvaro… no está, está, está…”

Después de esta frase hubo un silencio que me pareció eterno. No contestaba, yo intentaba tranquilizarla, la llamé pero tampoco me contestó. Fue entonces cuando miré a Nacho y  él me devolvió esa mirada felina.

-“Siéntate”-Me dijo.

Yo obediente y muy bien mandada, me senté. Nacho dejó el cuchillo en la encimera de la cocina, cogió una silla y se sentó en frente de mí.

-“Ya no hay remedio, lo hemos hecho.” –Soltó así sin más.

Muerta me quedé, llevábamos cuatro años saliendo y como he dicho había complicidad, amistad y confianza, pero en ese momento la confianza en él se me estaba yendo por la fregadera.

-“¿Cómo? ¿Qué habéis hecho el qué? ¿Con quién?”-Acerté a decir casi tartamudeando.

-“Con Teresa. Ya no hay vuelta atrás, María”-Me respondió con un aplomo que parecía que me estaba diciendo que afuera estaba lloviendo y que me cogiera el paraguas para que no me  mojara.

-“¿Con Teresa? ¿Qué te has acostado con Teresa? Tú eres tonto o qué te pasa, pero bueno… sois los dos unos capullos integrales”-Dije levantándome de la silla y quitándome la chaqueta que llevaba. No sé por qué lo hice, no tenía calor, pero mis manos tenían que hacer algo.

-“¡¡¡No, no, no!!! No te vuelvas loca… no hemos hecho nada parecido, más bien al contrario.”

No entendía nada, me estaba volviendo loca e iba a estrangular a los dos a la vez…

-“Siéntate, por favor. Lo hemos tenido que hacer por el bien de Teresa. Ahora estamos en un buen lío, y tú también estás en él!”-Me gritó.

¿Yo? Ahora resulta que se lían ellos, que yo soy la cornuda y estoy metida en el lío.

De repente vuelve a sonar mi móvil. Era Teresa y su frase, lo sentenciaba todo:

“Lo he matado, no podía más.”

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5 comentarios en “Mensaje por Pilar Cortés

  1. ¿Cómo ha llegado esta persona a estar en la situación que estoy viendo? Y dejo volar mi imaginación.
    ¿Que pasaría si “ésto” que es tan obvio fuera al contrario? ¿Cómo sería la personalidad de una persona que es capaz de desarrollar todo su potencial para algo, o que tiene un poder físico? Y nuevamente, dejo volar mi imaginación. A veces pienso que moriré imaginando. De echo espero que así sea. ¿A ti no te pasas? ¿Cómo llamas a tus musas?
    Un afectuoso saludo
    Jorge.

    • Sea la situación o el momento que sea, dejar volar la imaginación siempre es buen ejercicio para tirar pa’lante, buscar novedosas soluciones o ver un problema desde diferente ángulo…así que a mover todos el “cerebro” 😉 Buen día!

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