Vapor de agua por Alex de la Rosa

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Sara terminó de desvestirse y se metió en la bañera. Abrió el grifo y dejó que el chorro de agua le golpeara directamente en la cara. Apenas sí podía sentirlo, pues durante casi un día entero, había estado llorando, y tenía los ojos completamente hinchados y el rostro dolorido. Bajó la cabeza y comenzó a notar cómo el agua helada le recorría todo el cuerpo. Pero para ella ya no existiría el frío o el calor nunca más: ahora sólo habría dolor, soledad y tristes recuerdos.

Permaneció allí dentro casi una hora, completamente ajena al estremecimiento de su cuerpo por el frío. No sentía, no pensaba. Era como si su mente flotara en un vacío y su cuerpo se moviera de manera mecánica, como si de una autómata se tratara.

Por un impulso, cerró el grifo y salió de nuevo de la bañera. Alargó el brazo hasta dar con la toalla, y se envolvió con ella. Se sintió pequeña, indefensa, sola.

Sacó la cabeza del nido que había formado con la toalla y se percató de algo asombroso: el espejo del baño estaba completamente cubierto de vaho. Algo inverosímil, ya que, que ella supiera, sólo se formaba vaho cuando se bañaba con agua caliente. El agua fría no producía ese fenómeno. Sin embargo, allí estaba el espejo completamente nublado, impidiendo que pudiera mirarse a sí misma. De repente, por si la sorpresa y el desconcierto no hubieran sido suficientes, comenzó a ver cómo si una especie de dibujo estuviera empezando a formarse en el cristal. Al principio retrocedió algo asustada, pero luego se fue acercando lentamente, entrecerrando los ojos para intentar discernir las formas que iba tomando. Pronto descubrió, que no eran dibujos, sino letras. La primera era una “T”. Podía verla con claridad. ¿Qué tipo de fenómeno ambiental era capaz de producir aquello?

Sara continuó observando y la segunda letra terminó de formarse. Era una “E”, bastante nítida. Algunas gotas de agua caían verticalmente desde donde terminaban las letras. La temperatura había caído de manera sorprendente, o eso le pareció a Sara. Hasta el momento, no había sentido frío, ni siquiera con el agua helada. Pero ahora podía apreciar cómo de su boca salía un aliento gélido en forma de humo vaporoso.

Para cuando se empezó a formar la tercera letra, ligeramente más apartada de las dos anteriores, Sara comenzó a sentir escalofríos, más por la absurda e inverosímil idea que se le estaba empezando a crear en su cerebro, que por el miedo propio al suceso. Y junto con los escalofríos, se apoderó de ella una ola de tristeza y añoranza. Estaba pensando que, aunque resultara algo fuera de toda lógica, las palabras que se estaban comenzando a formar letra por letra, tenían cierto parecido a una frase que significaba todo para ella.

Y sus recuerdos la llevaron de nuevo al mismo lugar en el que había estado varias horas antes, en aquel tramo de carretera, junto a la persona que había sido su vida entera. Aquella persona que le había dado la mano mientras agonizaba y que, en un último suspiro, logró pronunciar aquella frase:

TE AMARÉ POR SIEMPRE

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