Getsemaní por Raelana Dsagan

Imagen

Esperó a que sus compañeros se durmieran. Nunca lo dejaban solo, aún ahora se agitaban en sueños, como si una parte de ellos se sintiera culpable porque el cansancio los hubiera rendido. Se separó entonces del grupo y se ocultó entre los árboles, disfrutando de ese momento de silencio antes de rebuscar en sus alforjas. La lámpara seguía allí, vieja y herrumbrosa; sus padres la habían traído de Egipto y él la había guardado desde que era un niño, el único objeto que conservaba de su infancia.

La frotó con cuidado, sin estar seguro de si quería llamar al genio o no.  Salió en forma de humo espeso que tomó una forma vagamente humana, en la que lo que mejor se distinguía eran dos grandes ojos oscuros. El genio se cruzó de brazos, aunque delante ya no tenía a un niño emocionado al que podía impresionar, ni a un joven impulsivo que buscaba ayuda. Ahora era un hombre adulto con el ceño marcado por profundas arrugas al que ya no le quedaban más deseos por pedir.

Le habría gustado decirle al genio que se sentara a su lado como un viejo amigo, pero no podía. Estaba hecho de humo y solo podía flotar frente a él.

—¿Por qué deseé ser un dios y no un genio? —le preguntó con voz cansada, intentando bromear.

—Eran tus deseos los que querías cumplir, no los de los demás —las palabras del genio retumbaron entre los árboles y él esbozó una sonrisa al oírlo.

—Si pidiera un deseo ahora… querría volver a ser niño, aquel niño que se propuso hacer brillar una lámpara oxidada. El que no tuvo miedo cuando te vio aparecer.

—No puedo concederte más deseos.

—Lo sé.

Se quedaron en silencio, mirándose. Las ramas retorcidas de los olivos se extendían hacia ellos como brazos esqueléticos que quisieran atraparlos, pero ninguna llegaba a rozar al genio.

—Moriré mañana —era la constancia de un hecho y, quizás, de que la posibilidad de escapar era un imposible, a pesar de eso lo preguntó—. ¿Es necesario?

—Deseaste ser un Dios.

Bajó los ojos y se contempló las manos, carne y sangre. El genio se quedó a su lado durante horas, hasta que el humo fue deshaciéndose y la lámpara adquirió de nuevo su aspecto vetusto.

—Aún lo deseo —murmuró al fin, y se sintió más tranquilo al admitirlo.

Dejó la lámpara apoyada contra el tronco de uno de los olivos y regresó con sus compañeros.

«¿Puedes convertirme en un Dios?» había preguntado un niño más maravillado que asustado.

«Puedo hacerlo» había respondido el genio, y los ojos que se intuían en la figura de humo lo habían mirado muy tristes.

Visita su blog: Escrito en el agua

Anuncios

4 comentarios en “Getsemaní por Raelana Dsagan

    • Gracias Mavi por tus comentarios. Un blog de una sola dirección, no puede avanzar, así que agradecemos mucho que te pases por aquí y nos escribas. Nos alegramos que, de momento, te vayan gustando. Un saludo muy fuerte!

    • Hola Javi, bienvenido a Pescando…muchas gracias por tu comentario, muy buena aportación. Nos alegraría mucho que te animaras, cuidamos bien de nuestros colaboradores que nos dais vuestra confianza al regalarnos un poco de todos vosotros. Saludos y pásate cuando quieras!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s